Por Ana Rodriguez-Santiago (UMA)
La elección entre trabajar para otros o emprender por cuenta propia no es solo una cuestión de preferencias personales, sino que radica en el complicado juego del coste de oportunidad. En este sentido, la legislación que protege el empleo asalariado (en adelante, EPL, por sus siglas en inglés) se erige como un elemento clave en la toma de decisiones sobre el tipo de ocupación. Convendremos que, a medida que la protección laboral del empleo asalariado aumenta, el coste de oportunidad de convertirse en trabajador por cuenta propia también lo hace. En consecuencia, una legislación más restrictiva podría limitar el surgimiento de nuevos autoempleados en comparación con aquellas economías en las que esta legislación es más laxa.
Sin embargo, aquí es donde la trama se complica. La realidad de la legislación y su cumplimiento a menudo se distancian. Si las empresas encuentran formas de eludir regulaciones que les resultan gravosas, podría surgir un efecto inesperado: una mayor protección podría, irónicamente, “incentivar” el autoempleo. Esto se traduciría en un repunte del autoempleo protagonizado quizás por la aparición de formas dependientes de autoempleo, que sustituyen a las relaciones laborales tradicionales entre empleador y asalariado.
Un estudio reciente realizado por Emilio Congregado, Ana Rodríguez-Santiago y Concepción Román, publicado en International Journal of Manpower, explora esta intrincada relación utilizando estimadores bayesianos sobre datos de 28 países de la OCDE entre 1996 y 2019.[1]
Los resultados revelan matices sorprendentes: en entornos donde el “imperio de la ley” es débil, leyes laborales más estrictas pueden incentivar el autoempleo, posiblemente debido a la externalización del empleo por parte de los empleadores. Por otro lado, en países con un alto grado de cumplimiento de las normas, una alta protección laboral tiende a reducir las cifras de autoempleo. Además, este estudio destaca lo heterogéneo que es el sector del trabajo por cuenta propia. Así, parece que los efectos anteriormente mencionados se limitan a los trabajadores autónomos sin asalariados, ya que dichos efectos de impulso o inhibición de la EPL no parecen apreciarse entre los empleadores.
Estos hallazgos apuntan a una conclusión crucial: la relación entre la protección del empleo y el emprendimiento es todo menos sencilla. La falta de un cumplimiento efectivo de las normas puede ser tan perjudicial como una legislación excesivamente rígida. Estos efectos complejos, además, pueden verse potenciados por los esquemas de incentivos diseñados para promover el emprendimiento. Los responsables políticos deben, por tanto, considerar cuidadosamente tanto el contexto institucional como la heterogeneidad del autoempleo al formular estrategias. Instar a un entorno regulatorio flexible y a un cumplimiento efectivo de las normas podría ser la clave para fomentar un clima económico donde el autoempleo no solo sea una alternativa viable al trabajo por cuenta ajena, sino un motor significativo de crecimiento. Los responsables de la política económica deben buscar un equilibrio que promueva el emprendimiento genuino sin fomentar formas de autoempleo precario, teniendo siempre en cuenta las características particulares de cada economía.
En definitiva, cuestionarse acerca de la efectividad de las medidas de promoción empresarial en función del contexto de protección y del grado de cumplimiento de las normas es un dilema que merece un análisis profundo y un debate abierto entre académicos y responsables de políticas públicas. La búsqueda de una regulación equilibrada, que incentive el emprendimiento sin comprometer la calidad del empleo, debe ser el objetivo central en la formulación de políticas económicas a largo plazo.
[1] Congregado, E., Rodriguez-Santiago, A., & Román, C. (2024). Is employment protection legislation a driver or an inhibitor of entrepreneurship? The interaction between stringency and enforcement. International Journal of Manpower, 45(10), 115-143.
