¿Pueden las herencias dañar la salud? Un estudio sobre mayores europeos y bienestar tras heredar

Last Updated: 06/07/2025By

¿Pueden las herencias dañar la salud? Un estudio sobre mayores europeos y bienestar tras heredar

Ignacio Belloc, José Alberto Molina, Jorge Velilla

IEDIS, Universidad de Zaragoza, España

Belloc, I., Molina, J. A., & Velilla, J. (2025). When wealth hurts: Inheritances and the health of older Europeans. Journal of the Economics of Ageing, 32, 100591. https://doi.org/10.1016/j.jeoa.2025.100591

¿Qué ocurre cuando una persona mayor recibe una herencia?

La mayoría de la gente asumiría que una ganancia económica, y en concreto una herencia, podría mejorar su vida: más recursos, menos preocupaciones, más posibilidades. Sin embargo, esta investigación muestra que el efecto de las herencias no siempre es positivo. En determinados grupos, especialmente entre mujeres mayores, los efectos pueden ser inesperadamente negativos para la salud mental.

Este trabajo, recientemente publicado en The Journal of the Economics of Ageing, analiza cómo afecta la recepción de una herencia a la salud física y mental de los adultos mayores en Europa. Lo hace con datos representativos, harmonizados, procedentes de 16 países europeos recogidos entre 2004 y 2017. Nuestros resultados cuestionan algunas ideas comunes y aportan evidencia empírica relevante para quienes diseñan políticas públicas en sociedades cada vez más envejecidas.

¿Por qué estudiar las herencias desde el punto de vista de la salud y la economía?

Europa atraviesa una profunda transformación demográfica: más longevidad, menos nacimientos y un peso creciente de la población mayor. En este contexto, el envejecimiento saludable, no solo en términos de longevidad, sino de calidad de vida física y emocional, se ha convertido en una prioridad política.

La literatura científica ha documentado durante décadas que el nivel socioeconómico se relaciona positivamente con la salud. No obstante, la literatura hasta el momento no ha obtenido resultados concluyentes sobre qué ocurre cuando esa riqueza llega de forma inesperada, como en el caso de las herencias. ¿Mejora la salud? ¿Provoca cambios en el comportamiento? ¿Puede tener efectos negativos en algunas personas?

Desde el punto de vista económico, entender cómo las herencias afectan a la salud es crucial porque estas transferencias representan una fuente creciente de riqueza en las sociedades envejecidas, que no están vinculadas al esfuerzo laboral de los herederos. Las herencias no sólo modifican el nivel de recursos de los hogares, expandiendo la restricción presupuestaria de los hogares, sino que pueden alterar decisiones clave relacionadas con el trabajo, el consumo, el ahorro o la demanda de servicios sanitarios.

Si estas transferencias generan efectos negativos sobre la salud mental o el bienestar de ciertos grupos, sus implicaciones van más allá del ámbito privado: pueden aumentar la presión sobre los sistemas de salud pública y tener consecuencias indirectas sobre la productividad o el gasto social. Además, estudiar estos efectos permite evaluar si la redistribución intergeneracional del patrimonio a través de herencias contribuye o no a mejorar el bienestar general, y si sus efectos son equitativos entre hombres y mujeres o entre regiones.

Datos y estrategia empírica

Para responder a las anteriores preguntas, el estudio utiliza los datos del proyecto SHARE (Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe), que recoge información longitudinal sobre personas mayores de 50 años en países europeos. El análisis se centra en más de 37.000 personas (con más de 100.000 observaciones en total) procedentes de un total de 16 países europeos.

Comparamos la salud física (medida mediante el índice de masa corporal, o IMC, y la probabilidad de tener obesidad) y la salud mental (a través de la escala EURO-D, que mide la presencia de determinados síntomas depresivos) antes y después de recibir una herencia. Para mitigar posibles problemas de endogeneidad, tenemos en cuenta si la persona esperaba heredar o no en el pasado, de para aislar el efecto de las herencias inesperadas. De acuerdo al modelo de ciclo de vida, controlar por la expectativa de heredar en el futuro es importante, ya que aquellos hogares que esperan heredar en el futuro deberían modificar su comportamiento antes de heredar, y ningún efecto debería aparecer una vez que las herencias son realizadas. También identificamos y aislamos posibles efectos relacionados con el fallecimiento de los padres (“grief”), y controlamos por las características personales observables y no observables, lo cual supone una distinción con trabajos previos con datos de corte transversal.

Principales resultados

Efectos sobre la salud física: Entre las mujeres, recibir una herencia se asocia con una disminución del IMC y una menor probabilidad de ser obesa. No se encuentran efectos significativos entre los hombres. El cambio en el comportamiento físico parece real y cuando analizamos posibles mecanismos se observa un aumento de la actividad física moderada e intensa entre las mujeres que heredan.

Efectos sobre la salud mental: En contraste con los resultados anteriores, recibir una herencia está asociado con un aumento en los síntomas depresivos entre las mujeres. Este efecto se mantiene incluso cuando se controlan factores no observables del individuo, y es especialmente fuerte cuando la herencia es inesperada. Estos efectos negativos sobre la salud mental de las mujeres no parecen deberse al fallecimiento reciente de un progenitor. Las mujeres más afectadas son aquellas con bajo nivel educativo, que se encuentran solteras, desempleadas y son residentes en países del sur de Europa. No se encuentra un efecto similar en los hombres.

Conclusiones

Este trabajo rompe con la idea de que más riqueza equivale automáticamente a mejor salud. En cambio, muestra que las transferencias intergeneracionales de riqueza como las herencias pueden tener efectos negativos sobre la salud, incluso entre herederos que se encuentran en etapas avanzadas de su ciclo de vida.

Desde el punto de vista de las políticas públicas, esto implica que no basta con mejorar el nivel de renta de las personas mayores para garantizar su bienestar. También es necesario prestar atención a su salud emocional, especialmente cuando se producen cambios vitales inesperados. La salud mental debe ocupar un lugar central en el diseño de estrategias de envejecimiento activo.

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