Más empleo en la contabilidad nacional que en la EPA

Las dos únicas estadísticas disponibles con las que se puede estimar el nivel de empleo de la economía española son la Encuesta de Población Activa (EPA) y la Contabilidad Nacional de España (CNE). Las afiliaciones a la Seguridad Social excluyen a determinadas colectivos, como los funcionarios de las Administraciones públicas adscritos al Mutualismo administrativo como MUFACE y computa más de una vez a los pluriempleados.

De las dos estadísticas, la EPA es la única que tiene como finalidad cuantificar todas las variables relacionadas con la situación de las personas en edad de trabajar en el mercado de trabajo (actividad, inactividad, ocupación y paro) y consiste en una encuesta trimestral a personas residentes en hogares familiares, lo que excluye a las personas no residentes en España, como los extranjeros que llevan establecidos en España menos de un año, y a los que residen en hogares colectivos, como los hoteles y pensiones, importantes las dos situaciones en el caso de los inmigrantes más recientes.

Todo ello puede suponer una cierta infravaloración de los extranjeros en España, y ello pese a que el problema más importante de la infravaloración de este colectivo, al partir de hipótesis del flujo anual de inmigrantes muy alejadas de la realidad, se superó con las nuevas proyecciones demográficas de 2001 y 2004, basadas ambas en estimaciones de entrada anual de inmigrantes más reales que las anteriores.

Por su parte, la CNE es una estadística trimestral de síntesis que considera todas las estadísticas existentes, entre ellas la EPA, y que, aunque su objetivo principal es la estimación del Producto Interior Bruto (PIB), también realiza estimaciones del empleo necesario para obtenerlo. Estas estimaciones se realizan desde tres perspectivas, población ocupada, empleo equivalente a tiempo completo y puestos de trabajo, y se proporcionan con datos tanto brutos (originales) como corregidos de calendario  y estacionalidad.

De las tres estimaciones del empleo de la CNE, la homogénea con  la EPA es la de la población ocupada en datos brutos (aunque en cifras anuales esos datos coinciden con los corregidos de calendario y estacionalidad). En general, la CNE utiliza como base de sus estimaciones a la EPA, aunque las completa con otras fuentes estadísticas, como ocurre en el caso de los empleados del hogar, la intermediación financiera y las Administraciones públicas.

Si se consideran las cifras de los tres primeros trimestres de 2009, la población ocupada de la CNE supera a la de la EPA en casi doscientas cincuenta mil personas (246 mil). Esta diferencia se ha ido reduciendo a medida que las proyecciones de la población que utiliza la EPA se han basado en hipótesis de inmigración más reales: de casi un millón en 2000, a casi medio millón en 2004 y a menos de trescientos mil desde 2005.

La razón principal de la diferencia a favor de la población ocupada de la CNE es la distinta consideración del concepto de residencia que la EPA, ya que la encuesta considera ocupados sólo a los residentes que trabajan aunque sea fuera de España (excluyendo a los no residentes que trabajan en España) y la contabilidad a las personas que trabajan en España, es decir, participan en la obtención del PIB, aunque residan en el extranjero o no lleven establecidos en España el tiempo suficiente para ser considerados como residentes, lo que hace que la CNE pueda estimar más fiablemente el empleo de los inmigrantes que la EPA.

Pero la diferencia es mucho mayor si se distingue entre asalariados (trabajadores por cuenta ajena) y no asalariados (trabajadores por cuenta propia), ya que en los primeros la cifra de la CNE es superior a la de la EPA en 840 mil personas y en los segundos la cifra más elevada es la de la EPA, al superar en 594 mil personas a la de la CNE.

La razón de estas diferencias está en la diferente definición de asalariados de las dos estadísticas, ya que la CNE, siguiendo los criterios del Sistema Europeo de Cuentas (SEC), considera como tales a los propietarios de sociedades, incluidos los cooperativistas, que trabajan en sus propias empresas, mientras que la EPA, siguiendo los criterios de las Encuestas de Fuerza de Trabajo (EFT), más adecuados para cuantificar las variables relacionadas con el mercado de trabajo, como el empleo, considera a estos trabajadores como trabajadores por cuenta propia, no asalariados. Un ejemplo de esta situación sería el fontanero que ha creado una sociedad con familiares y que es el único trabajador de la empresa, en la CNE será considerado como asalariado y en la EPA como autónomo.

Esta distinta consideración de asalariados en la CNE y la EPA no sólo condiciona la estimación de la cifra de asalariados y no asalariados de la CNE sino también de otras magnitudes como las de remuneración de asalariados y coste laboral unitario (cociente entre remuneración por asalariado y productividad por ocupado), muy utilizadas en el análisis de la evolución de los costes salarial y laboral, y que únicamente pueden ser estimadas por la contabilidad.

Este problema se agrava, sobre todo, cuando no sólo los niveles de empleo de asalariados y no asalariados son diferentes en las dos fuentes estadísticas sino también sus tasas de variación interanuales, como ocurre en el promedio de los tres primeros trimestres de 2009: en ese período las tasas son en la CNE el -6,6% en los asalariados y el -8,1% en los no asalariados y en la EPA el -6,3% en el primer caso y el -10,1% en el segundo.

 

 

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