Inmigración y mercado de trabajo en España

Desde mediados de la década de los noventa del siglo pasado, sobre todo desde 2001, y hasta 2007 se ha producido, coincidiendo con un período de fuerte expansión económica, un proceso muy intenso de inmigración en España. En efecto, el flujo anual de entrada de inmigrantes extranjeros (según la Estadística de Variaciones Residenciales del INE), que apenas alcanzaba la cifra de treinta y cinco mil en 1997, superaba la de trescientos mil en 2001 y se situaba por encima de novecientos mil en 2007.
Como consecuencia del aumento de los flujos anuales de entrada de inmigrantes, el número de residentes extranjeros, medido por el Padrón Municipal Continuo de Población, creció también notablemente es esos años, desde algo más de seiscientos mil el uno de enero de 1998, a casi un millón cuatrocientos mil el uno de enero de 2001 y a cerca de cinco millones trescientos mil el uno de enero de 2008, lo que supone que el porcentaje de extranjeros, en relación con el total de la población, aumentó desde el 1,6% en la primera fecha, al 3,3% en la segunda y al 11,4% en la tercera.
Este crecimiento del número de extranjeros residentes en España se confirma también con las cifras de la Encuesta de Población Activa (EPA). Así, de 2001 a 2007 la población activa extranjera creció de casi ochocientos mil personas en el primer año a casi tres millones doscientos mil en 2007, lo que significa una tasa anual acumulativa de crecimiento en el período del 26%, en contraste con el 1,6% de incremento de la población activa nativa.
Este fuerte incremento de la población activa extranjera, aunque fue acompañada de un aumento de parecida interunidad en el mismo período de la población ocupada extranjera (26%), supuso un aumento del paro de los extranjeros también elevado, el 23%, cuando el de los españoles descendía el 3,5%.
En cualquier caso, el notable incremento del PIB y el empleo que se produjo en España en el período 2001-2007 no hubiera sido posible sin el papel que en ese proceso de crecimiento económico ha desempeñado la inmigración de extranjeros. A su vez, el aumento de la población activa y ocupada extranjera se explicaría por el elevado avance del PIB real español (el 3,4% en media anual en el período 2001-2007, frente al 1,7% en la zona del euro), junto a la insuficiencia demográfica de España (aumento de la población en edad legal de trabajar del 0,3% anual en esos años), derivada de la baja tasa de fertilidad de las últimas tres décadas.
Pero la situación económica cambia radicalmente a partir de 2008, llegando a descender el PIB en tasas interanual en el segundo trimestre de 2009 el 4,2% y el empleo el 7,2%. Aun así, la inmigración extranjera continúa creciendo en 2008, aunque a un ritmo inferior que en los años anteriores.
En efecto, la inmigración de extranjeros en 2008, según la Estadística de Variaciones Residenciales, asciende a cerca de setecientos mil personas, lo que significa casi doscientos treinta mil menos que en 2007 y en torno a cien mil menos que en 2006, pero que prácticamente iguala la cifra de 2005 y supera la de los años anteriores. Por su parte, los residentes extranjeros el uno de enero de 2009, según el Padrón, se sitúa en casi cinco millones seiscientos mil, el 12% del total de la población, lo que supone un incremento respecto del año anterior de trescientos treinta mil, inferior al de los dos años anteriores no sólo por el menor flujo de entrada de nuevos inmigrantes sino también por el mayor flujo de salida de antiguos inmigrantes.
Con los datos de la EPA, en 2008 la población activa extranjera todavía crece a un ritmo elevado, el 12%, muy por encima de la nativa (1,3%), aunque menos que en los años anteriores (19,4% en 2006 y 13,7% en 2007). En ese año, el aumento del empleo extranjero, el 5,2%, menor que el de la población activa, sigue siendo superior al de la población ocupada nacional, el 1,4%. Aunque la evolución del empleo extranjero en 2008 fue más positiva que la del empleo autóctono, el mayor incremento de la población activa extranjera provocó un crecimiento muy elevado del paro extranjero, el 61%, casi el doble que el del paro nativo, el 36%.
En 2009, aunque no se dispongan de datos relativos al flujo de la inmigración y residencia de extranjeros, sí que existen datos de la EPA hasta el segundo trimestre. Según estos datos, la población activa extranjera, a pesar de la acentuación de la crisis económica, ha seguido creciendo en el primer semestre de 2009, el 6,7% en tasa interanual, inferior a la de 2008 y los años anteriores, pero todavía superior al de la población activa nacional (el 0,9%).
En cambio, la población ocupada extranjera en el primer semestre de 2009 descendió en tasa interanual el 9,3%, lo que, a diferencia de lo ocurrido en 2008, supone una evolución más negativa que la del empleo de los españoles, que disminuyó en ese período el 6,4%.
El mayor crecimiento de la población activa y el mayor descenso del empleo de los extranjeros, en relación con los nativos, provoca en el primer semestre de 2009 un mayor crecimiento del paro de los primeros, el 93,3%, que el de los segundos, el 74,4%, lo que sitúa la tasa de paro de los extranjeros en el segundo trimestre de 2009 en el 28%, muy superior a la de los nacionales, el 16%.
Por último, una cuestión de gran interés es como está evolucionando en esta situación de crisis el empleo irregular de los extranjeros. La única forma de estimar esa situación es mediante la diferencia entre el empleo de la EPA y las afiliaciones de la Seguridad Social, a pesar de la posible infravaloración del empleo irregular de la primera estadística y la sobrevaloración del empleo regular de la segunda al considerar a las personas pluriempleadas más de una vez. En cualquier caso, con datos del segundo trimestre de 2009 la diferencia a favor de la EPA es de 768.100 personas, inferior en 50.200 que un año antes y en 154.000 que el cuarto trimestre de 2008, lo que parece contradecir la opinión bastante generalizada de que el empleo irregular de los extranjeros esté aumentando.

 

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