La desigualdad salarial aumenta en la mayoría de países de la Unión Europea

Raúl Ramos (AQR-IREA, Universitat de Barcelona)

El estancamiento del crecimiento económico en la Unión Europea durante las últimas décadas ha incrementado la preocupación sobre el alarmante aumento de la desigualdad de ingresos y de salarios así como de la exclusión social. Existen distintos trabajos (entre ellos, los últimos informes anuales de la OCDE[i]) que muestran un claro aumento de la desigualdad de ingresos desde principios de los ochenta y las políticas de austeridad adoptadas en muchos estados miembros de la Unión Europea podrían haber empeorado claramente la situación en los años más recientes.

La literatura reciente, incluyendo los trabajos de Piketty (2013)[ii], ha estimulado el debate entre los académicos sobre los factores que determinan la evolución reciente de la desigualdad. Hay la percepción de que la desigualdad se está situando en niveles claramente superiores a los observados durante buena parte del siglo pasado. Algunos autores (por ejemplo, Stiglitz, 2013[iii]) incluso apuntan que nos encontramos en máximos históricos y que, además, la fragilidad de la recuperación económica podría ser más un efecto del aumento de la desigualdad que no una causa. De hecho, en este contexto la desigualdad continúa creciendo particularmente en aquellos países más golpeados por la crisis como España, Irlanda, Grecia o Estonia. Tal y como apunta el estudio de la OCDE publicado en 2014[iv], la caída en los ingresos ha sido mayor para los individuos situados en la parte baja de la distribución que aquellos situados en la parte alta. Pero, ¿qué papel juegan los salarios a la hora de explicar la evolución de la desigualdad de los ingresos? Sin duda, la pérdida del empleo es el principal factor que ha aumentado la desigualdad en la parte baja de la distribución, pero para aquellos que no han perdido el empleo durante la Gran Recesión, la desigualdad salarial también ha aumentado.

En un estudio reciente para el Parlamento Europeo elaborado conjuntamente con Christian Dreger (DIW) y mis compañeros del grupo de investigación de Análisis Cuantitativo Regional (AQR), Enrique López-Bazo, Vicente Royuela y Jordi Suriñach, hemos analizado la evolución reciente de la dispersión salarial y el papel que han desempeñado en dicha evolución distintos factores (entre ellos, las diferentes instituciones laborales que coexisten en los estados miembros de la Unión Europea). Para ello hemos utilizado información estadística proveniente de los microdatos de dos encuestas, la Encuesta sobre Ingresos y Condiciones de Vida (EU-SILC) y la Encuesta de Estructura Salarial (SES) y hemos aplicado distintas definiciones salariales, medidas estadísticas y técnicas econométricas[v].

En el siguiente gráfico se muestra la evolución entre 2006 y 2011 del cociente entre los percentiles 90 y 10 de los salarios anuales, es decir, de la distancia entre lo que cobran el 10% de los trabajadores con mayores salarios y el 10% de los trabajadores con salarios más bajos calculados a partir de EU-SILC. Tal y como se puede observar, la desigualdad salarial ha aumentado en la mayoría de los estados miembros de la Unión Europea. El valor medio de este indicador de desigualdad en 2006 se situaba alrededor de 7 (los trabajadores con mayores salarios cobraban 7 veces que los trabajadores con menores salarios) mientras que en 2011 se sitúa muy cerca de 8. En el caso de España, ha pasado de 7.4 a 8.5. Así pues, la tendencia observa para España es similar a la que ha comentado recientemente en Tribuna Abierta Miguel Angel Malo en su entrada “Salarios y crisis: un ajuste desigual”[vi]. También coinciden con los encontrados por José Manuel Casado e Hipólito Simón en su artículo “La evolución de la estructura salarial, 2002-2010” aceptado pero pendiente de publicación en Revista de Economía Aplicada.[vii] En concreto, utilizando datos de distintas olas de la Encuesta de Estructura Salarial encuentran que la desigualdad salarial en España ha presentado una evolución contracíclica, reduciéndose en la etapa 2002-2006 y aumentando significativamente entre 2006 y 2010, tras el inicio de la crisis económica.

Fuente: Elaboración propia a partir de Dreger et al. (2015), cuadro A2.8, p. 84.

Notas: El dato para Malta corresponde a 2005 y no a 2006. El dato para Bélgica e Irlanda corresponde a 2010 y no a 2011. No se incluye Croacia por falta de información relativa al primer periodo.

En lo que se refiere a las causas que explican el aumento generalizado de la desigualdad salarial, nuestro análisis permite concluir que, además del claro impacto que ha tenido el cambio de ciclo económico, existen otras fuerzas que han contribuido de manera significativa al aumento observado. En concreto, el cambio tecnólogico, que aumenta la demanda relativa de trabajadores cualificados, y la globalización, que presiona a la baja los salarios de los trabajadores menos cualificados, explican una parte importante de la tendencia observada. Las instituciones laborales también juegan un papel clave. En concreto, y tal y como apunta la literatura, aquellos países donde la negociación colectiva se desarrolla predominantemente en niveles intermedios tienen una estructura salarial más comprimida, lo que ha supuesto un cierto freno al aumento de la desigualdad en algunos países (por ejemplo, España). La existencia de un salario mínimo, una mayor densidad sindical y una elevada tasa de cobertura de la negociación colectiva también conllevan una menor desigualdad salarial. Pero no solo las instituciones laborales son relevantes: en aquellos países donde se ha introducido una mayor competencia en los sectores regulados, la desigualdad salarial es menor ceteris paribus.

Por tanto, el aumento global de la desigualdad no sólo se debe al impacto de la crisis sino que existen otros factores claramente relevantes: algunos refuerzan la tendencia creciente mientras que otros la limitan. En este sentido, algunas de las políticas que se consideran claves para la salida de la crisis pueden tener un efecto perverso. Por ejemplo, existe un alto grado de consenso en que el futuro de nuestro país pasa por mejorar nuestra capacidad innovadora, pero hemos de ser conscientes de que una mayor intensidad en actividades de I+D+i también aumentaría la dispersión salarial. Para contrarrestar este efecto una posible solución sería incrementar el nivel educativo de la población (Braconier y Ruíz-Valenzuela, 2014[viii]). Así pues, el reto consiste en ser capaz de encontrar la combinación adecuada de políticas económicas que contribuyan a mejorar el potencial de crecimiento económico sin que ello suponga un coste en términos de desigualdad.



[ii] Piketty, T. (2013), Le capital au 21e siècle, Seuil

[iii] Stiglitz, J. (2013), Inequality is holding back the recovery. New York Times, Jan. 19.

[v]Los resultados completos del estudio se pueden consultar en http://www.europarl.europa.eu/thinktank/en/document.html?reference=IPOL_STU(2015)536294

[viii]Braconier, H., Ruiz-Valenzuela, J. (2014), Gross Earning Inequalities in OECD Countries and Major Non-member Economies. Determinants and Future Scenarios, DOIhttp://dx.doi.org/10.1787/5jz123k7s8bv-en

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