LA CONTABILIDAD NACIONAL Y LOS COSTES LABORALES

 

 

            La única estadística disponible que permite calcular los costes laborales unitarios (CLU) es la Contabilidad Nacional de España (CNE). En efecto, la CNE, caracterizada por ser una estadística de síntesis y de periodicidad trimestral, proporciona estimaciones de los dos elementos necesarios para el cálculo de los citados CLU, que es equivalente al cociente entre la remuneración por asalariado y la productividad por ocupado. Esta última, al considerase para su cálculo un único factor de producción, el trabajo, se suele denominar productividad aparente por ocupado.

 

            La remuneración por asalariado es, a su vez, el cociente entre el conjunto de la remuneración de los asalariados y el número de asalariados y la productividad aparente por ocupado es el cociente entre el Producto Interior Bruto (PIB) real o en volumen y el número de ocupados. Tanto los asalariados como los ocupados se consideran en términos de empleos equivalentes a tiempo completo, es decir teniendo en cuenta el número de horas trabajadas y considerando las personas ocupadas a tiempo parcial como una fracción de los ocupados a tiempo completo.

 

            Comenzando con el cálculo de la productividad por ocupado y con los datos correspondientes  a la CNE del primer trimestre de 2012, el PIB real o en volumen descendió en términos intertrimestrales el 0,3% y en términos interanuales, en relación con un año antes, el 0,4%. Si se compara con el trimestre precedente, la tasa de variación intertrimestral permanece constante, lo que suponen dos trimestres consecutivos de reducción intertrimestral y, por lo tanto, la entrada de nuevo en un proceso de recesión económica, y la tasa de variación interanual retrocede en siete décimas porcentuales.

 

            Este retroceso interanual de siete décimas se explicaría por el aumento en el trimestre de la contribución negativa de la demanda nacional en tres décimas (por el mayor deterioro del consumo público y de la inversión, mientras que el consumo privado modera su ritmo de descenso) y por la reducción de la contribución positiva de la demanda externa en cuatro décimas (por la notable desaceleración de las exportaciones, que incluso contrarresta la acentuación del descenso de las importaciones).

 

            Junto al descenso interanual del PIB del 0,4% en el primer trimestre de 2012, el empleo equivalente a tiempo completo se redujo el 3,8%, también en tasa interanual, tasa que es cinco décimas más negativa que la del trimestre anterior, pero dos décimas menos negativa que la de la población ocupada estimada por la Encuesta de Población Activa (EPA) del mismo período, el        -4%. La ligera diferencia entre las tasas de variación de las dos variables (la de la CNE y la de la EPA) puede deberse, entre otros factores, a que la de la CNE es el empleo equivalente a tiempo completo y la de la EPA es el empleo total sin tener en cuenta la jornada trabajada y a que la variable de la CNE se refiere a la población que trabaja en el interior de país, sea o no residente, y la de la EPA se refiere a la población ocupada residente, trabaje o no en el interior del país.

 

            Como consecuencia de la evolución conjunta del PIB en volumen y del empleo equivalente a tiempo completo, y al descender el empleo mucho más intensamente que el PIB, la productividad aparente por ocupado creció a una tasa muy elevada, el 3,5%, aunque dos décimas menos que la del cuarto trimestre de 2011, pero muy superior a la de los trimestres anteriores a ese último.

 

            Es más, el comportamiento de la productividad por ocupado es claramente anticíclico (aumentos muy superiores en las crisis y recesiones económicas que en las expansiones), debido a que el ajuste de las empresas a los cambios en la situación del conjunto de la economía y de las empresas en particular se realiza principalmente vía el empleo en vez de, como en otros países, a través de otros procedimientos como es la jornada laboral. Eso explicaría el elevado crecimiento de la productividad, muy superior al 2%, desde el primer trimestre de 2009, cuando en los últimos años del período expansivo, de 2001 a 2007, el crecimiento de esa variable no alcanzaba el 1%.

 

            Además de la productividad, el otro componente que determina el coste laboral unitario es la remuneración por asalariado, que creció en el primer trimestre de 2012 el 0,9%, dos décimas menos que en el trimestre precedente, aunque ese ritmo de aumento supera al de los trimestres que transcurren entre el primer trimestre de 2010 y el segundo de 2011, en algunos de los cuales, el tercero y el cuarto de 2010, la variación llegó a ser negativa. Este concepto, el de la remuneración por asalariado obtenido por el CNE, es equivalente al del coste laboral por trabajador que se obtiene de la Encuesta Trimestral de Coste Laboral del INE, por lo que incluye, junto al salario bruto que percibe el trabajador, las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social y otros pagos no salariales a los trabajadores como las indemnizaciones por despido. Pues bien, el crecimiento de la remuneración por asalariado es mucho más moderado desde el primer trimestre de 2010 que en los períodos anteriores, en particular los correspondientes a las situaciones de expansión económica.

 

            Ahora bien, debido a problemas relacionados con la inercia de la negociación colectiva derivada, en parte, de la importancia de los convenios plurianuales (la media de la vigencia del convenio es de alrededor de 3,5 años) y de otros problemas relacionados con el efecto de composición de los salarios, como la concentración del descenso del empleo en el de carácter temporal (con salarios menores que el de carácter indefinido) en los dos primeros años de crisis, 2008 y 2009, la remuneración por asalariado creció en esos dos años el 6,1% y el 4,3%, respectivamente. Esa evolución permitió, a pesar de la situación de crisis económica, aumentos reales de la remuneración por asalariado (deflactada por el IPC) de 4,6 puntos porcentuales en el primer año y de 3,5 puntos el segundo. En cambio, ya en 2010 el incremento de la remuneración por asalariado fue el 0% y en 2011 el 0,8%, lo que supuso descensos reales de esa variable de 3 puntos porcentuales en el primer caso y de 1,6 puntos en el segundo. Descensos reales que, si persiste la trayectoria actual de los salarios y el IPC, se producirán también en 2012.

 

            La moderada evolución de la remuneración por asalariado en el primer trimestre de 2012 es consecuencia del descenso del 3,3% de la remuneración total de los asalariados y del retroceso del empleo de los asalariados del 4,2%, mayor que el del empleo de los no asalariados (siempre en términos de empleo equivalente a tiempo completo), el 0,9%. El descenso de la remuneración de asalariados en términos interanuales se produce desde el primer trimestre de 2009, lo que refleja con algún retraso la disminución del empleo asalariado que se produce desde el tercer trimestre de 2008 y provoca una notable pérdida de su peso relativo en el conjunto de las rentas, hasta el punto de que en el primer trimestre de 2012 la remuneración total de los asalariados es ya inferior al conjunto del excedente bruto de explotación y de las rentas mixtas brutas.

 

            Al dividir la remuneración por asalariado (equivalente al coste laboral por trabajador) por la productividad aparente por ocupado se obtiene el coste laboral unitario o coste laboral por unidad de producción, que se redujo en el primer trimestre de 2012 el 2,5%, igual tasa de descenso que en el cuarto trimestre de 2011. El descenso del CLU se produce también desde el primer trimestre de 2010 y contrasta con los elevados crecimientos que se produjeron en esta variable de 2001 a 2008, superior en casi todos esos años al 3%. En concreto, en 2008 creció el 4,9%, para moderarse notablemente en 2009, al aumentar el 1,4%, y descender en 2010 y 2011, con el -2,6% y -1,9%, respectivamente.

 

            Si se divide el CLU por el deflactor del PIB (indicador de los precios de la producción interior bruta) se obtiene el coste laboral unitario real (CLUR), que es un indicador inverso de la evolución de la rentabilidad empresarial derivada de los costes laborales y, por lo tanto, del margen empresarial. El CLU real del primer trimestre de 2012 descendió el 3%, tasa de descenso que es seis décimas inferior a la del trimestre precedente. En cualquier caso, el descenso del CLUR, que es significativo del avance de la rentabilidad empresarial, se produce continuamente desde el primer trimestre de 2010. Con una perspectiva temporal más amplía, el CLUR desciende, en medias anuales, desde 2001, con las únicas excepciones de 2007, 2008 y 2009, con lo que el retroceso que se produce desde inicios de 2010 significa retomar la tendencia descendente de estos costes y el consiguiente crecimiento del margen empresarial en relación con ellos, lo que ha sido la tendencia dominante desde el inicio del siglo XXI.

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